Independientemente de sus impulsos
emergentes sobre el mar y de la densidad de sus curvas de nivel en todas ellas
resultaban igualmente empalagosos los caminos aferrándose a mis pasos. Y cuando
la luz se alzaba victoriosa con su manto azul bordado de alegrías, en todas
ellas la rebeldía de la vida brotaba desde su introspección embalsamada. Es por
ello que creo que aquel campo verde de mi niñez, con su hospitalario camino y
sus collares de margaritas, fue mi primera lección de la dignidad de toda
montaña.
Ir aprendiendo para luego ir entendiendo…
La docilidad del barro entre las manos, la belleza por interpretar en la flor,
la trascendencia del camino, la sabiduría del bosque, la templada levedad de sus
cantos, la reflexión ante el hormiguero, el pálpito ante el vacío, las
densidades del aire, el relato humano con su medio, los distintos nombres de
ser nieve, de ser árbol, montaña, de ser todo ser.….Hasta llegar a comprenderla
ella en mí y yo en ella en el milagro cotidiano de la hojarasca de mis días.
Conozco unas cuantas montañas, en su
gran mayoría en mi país diverso y trasversal que llamamos Pirineo, pero me puede el sentimiento de unidad coral
que me transmiten sus armonías, por eso prefiero montaña, Pirineo, rebaño, humanidad…
esencias compartidas. Eso sí, sin traspasar, ¡ojo cuidado a las señales!, las
engañosas mugas de la simplista generalización del relato blanco o negro tan
utilitario en nuestro días de minutos numerados.
Ya en ella me paro ante el escorzo de
avalancha de horizontes a la fuga que es la montaña recogiéndose fiel a mis
pies, para, a cada paso, ir desplegando sus misterios. Abajo, como un bote varado
en su verde oleaje de espumas primaverales cruzado del rastro imposible de mil
estelas, o encallado bajo el aliento del sol de invierno, el pueblo y su
montaña permanecen inmutables como la sugestiva imagen en el calendario del
bar. Soy la nada inmersa en un vértigo diáfano. Allí el asombro, la libertad
que inquieta, la consciencia del gran vacío que todo circunda. Allí se hacen
patentes ausencias, presencias y pertenencias. Te atrae, te retrae. La tierra
acoge, el cielo ampara… Para luego siempre volver a mi mundo abigarrado donde todo
vacio espera reclamando su algo que lo subsane.
Montaña viva explicada con viejas
fábulas y tiernos engaños aprendidos a lo ancho y largo del espacio y del
tiempo para celebrar un compartido sosiego de certezas. Montañés que con ternura
quieres creer, querer es lo importante, en cuentos protegidos del tiempo por
manos de raíz y ojos forjados al fuego de la vida en su vaivén pendular de
astros y anhelos. A quien pudo importar la realidad desconocida frente al contundente
relato imaginado o sugerido como verdad que ampara. Hoy todo es más complejo en
este magma del relato de pantalla a la carta de los algoritmos. Camino entre
estos fuegos digitales de falsedades y certezas un tanto desorientado,
buscando, como hicieron ellos, salir, como de un bosque o un buen poema, ligeramente
mejorado.
Montaña digna descarnada de despedidas
hacia el canto prometedor de las sirenas fabriles. Pirineo colonial de recursos
extractivos, aprovechamientos, proyectos y modelos de desarrollo de pan para
hoy y hambre para mañana. Montañés digno en su montaña. Montañeses también los
corazones nido de latentes petirrojos despertando el recuerdo a la llamada de primaveras
urbanas… ya lo dijo Labordeta en su sólo querían montañas, agua y electricidad… le
faltó decir saber hacer y manos dispuestas para el pan y la justa ambición de
quien emprende su camino.
En la falsa, junto al osario acumulado
del pasado dormita la herencia raíz y su manoseada memoria. Quizá no todo de lo
ocurrido o imaginado, ya semi- enterrado, merezca ser hoy salvado. No hay
tradición sin traición ni vitrina que la contenga con vida. Todo necesariamente
fluye, cambia, se adapta al cauce del tiempo en su camino al mar de lo que
somos. La dignidad del bosque, de la cima, de la val, del pueblo a contra-corriente,
del futuro sin lastre por construir…todo
permanece y espera. Todo lo que tiene un nombre existe.
Salgamos pues donde las hojas siguen
cayendo hacia su cielo eterno en su frus-frus con el eco de tu voz. Escuchemos
del musgo su caricia verde, de la zarza su ojo a la espina, del bubón su voz
temida, del imperio de la noche su mirada de desafío, de la tierra su energía,
de la muerte su cruz en la moneda de oro de la vida, del fuego la luz que
convoca, del viento sur su nuevo ímpetu tropical al ritmo de cambio climático…
Buscar, salir, escuchar, comprender, construir, ser y estar por la íntima
dignidad de toda montaña.
Química lírica del carburo. Elementos.
Agua.
Alto Gállego, agua joven apartada de tu cauce por
encofrados caminos, cautelosa por mano extraña te dejas llevar sin saber apenas
que dejas de ser río. Agua del Pirineo, mil vidas, distraída de tu destino de batir de olas y
alas rosas para ser colosal fuerza desplomada sobre la Central de Carcavilla.
Entraña blanca bramando tu mecánico brío en sedientas
caracolas, estremeciendo turbinas generando bravas corrientes por cable… atrás dejas ya tu energía transformada y compartida
para volver, azorada, a ser agua descendiendo hacia derrumbados horizontes
marinos.
Muy dentro de tu física de infinitas formas, tres estados, los sabios a gritos gimieron, fue una noche de luna plena, que se hallaba en ti el germen de toda vida. En la más íntima esencia de tu más diminuta gota desvelaron, es de creer, tus secretas vinculaciones y reacciones… Resultó que la mágica estructura de lo que vive, también por lo tanto de nuestros anhelos, se apoya en un átomo de oxígeno y dos de hidrógeno unidos a él. Abreviaron tu composición, que no tus nombres, según la tabla de elementos químicos como H2O. Nadie dijo tanto en tan poco.
Escalete, esqueleto náufrago de calizas nostalgias de un
mar desterrado hoy sólo en paneles de curiosidades geológicas recordado. Mineral
elevado, esculpido, camuflado legado, reposo eterno de corales y caracolas
decantando en tropicales fondos marinos, conchas de erizos bajo el polvo de tus
caminos. Roca, piedra con luz engendrada, desgajada para llevar hebras de los
remotos soles que escondes allí donde una llama amparar pudiera…ya en vagonetas
desciendes a debilitarte en pedazos condenada al infierno que el carbón y el
agua alimentan.
Carbonato de calcio, CaC03 es tu gris divisa, ahora sólo
queda ya tu ósea entraña de cal viva. Óxido de calcio ( Ca0 ), aparente ceniciento
muerto despojo , ave Fénix, reactiva
fuerza a la espera del milagro.
Carburo de calcio.
Diste nombre a la fábrica y al pueblo levantado sobre su
memoria en la Gorgocha anegada. Allí, de
su vientre candente preñado de descomunales tormentas secas en un imaginado infierno,
cal y antracita reaccionando químicamente obran la estructura de tu magia. Allí
fluyes, fabril magma, en interminables
coladas como cestas de frutos maduros, allí retienes al hombre para acogerte, por
un salario, con sus pesadas cadenas de trabajo.
Allí, en La Peña, ya frío, cristalino e inorgánico ( CaC2
), como venido de un árido planeta esperabas las gotas que calmaran la sed de
tu piel. Agua como fuente de energía, carburo de la cal, cal de la roca, roca
del agua…carburo y agua liberando gas acetileno ( C2H2 )…y de nuevo el fuego en
memoria de aquellos arcanos soles para librar al hombre, al menos, de algunas de
sus pasadas sombras.
Tímida enseña amarillo-naranja fue tu llama altiva
perforando duras oscuridades. Pero apenas pudiste vencer el olvido…sólo de ti
hoy nos quedan vagos recuerdos, las huellas que tu paso dejó y algunos edificios
donde se fraguó, día y noche, tu acumulada y misteriosa energía ambulante.
Esculpieron tu asombrado gesto con su orden de
piedra ancestral
montañeses de tasca y piel por igual, tierra y brazos
de igual a igual,
eras lugar de lugares, cada uno un titán granando el
pan azul de tus días…
Sobrepuerto, nabata contra corriente entre
crestas anunciando amanecidas,
soñando alcanzar tu costa dorada con batanes, molinos
y rondas aguerridas,
nada de la vida te era ajeno… mejorar lo recibido,
olvidar parte de lo aprendido,
y transmitir lo comprendido a los ángeles que a tu
amparo se fueron posando…
en el valor de maestras de pechos de nido, en caderas
maternas de Casas abiertas,
en el alda altiva con primor mil veces remendada de
tus laderas y solanas.
Sobrepuerto, piedra dispuesta por tus manos para
amparo en los caminos,
contener bancales bajo el
pulso del tiempo con sus nubes y sus días,
esponjarse en tosca empapada de palabra y humo de un
mismo fuego,
extenderse rendida a tus pies en eras y salas bajo
trillos y alegrías,
y escamar tus tejado temerosos y enamorados del
vértigo del mirar del cielo…
Domesticaste una pizca de mundo, diminuta e
inmensa, para un porvenir compartido,
y fuiste castillo inexpugnable de puertos abiertos y
linajes de andar por casa,
orgullo interminable de cabañeras hacia el tenaz
atardecer del llano,
y todo en ti tubo su nombre en la gran pila caliza
donde todo lo nombrado existe,
y los días y las noches fueron trayendo sus esencias
de musgo y de piedras calcinadas…
Sobrepuerto, manos de enebro conquistando su amparo tras sus rompeolas
donde baten oleajes de fieros horizontes…
Aprendiste tu soledad en el silencio de los primeros
abrazos exprimiendo ausencias,
comprendiste el desconcierto tras el aullar del canto
de las sirenas fabriles,
y desamparado por el veredicto de las corbatas
susurrando brillantes porvenires
vaciaste tu coraje sobre todo lo que eras y marchaste
en mil maletas sin mirar atrás…
la montaña ,en tus ojos , rendía altiva su derrota
clandestina y cruel.
Marcharon dejando su estela, fugaz o
tenaz, de esperanza y dolor en pañuelos al viento…
o consolando sus ojos en tus puertos tan ajenos
a la mar .
Y en el nuevo paisaje de la natural ambición aceptaron
su pena, trabajos y recompensas …
pero nunca olvidaron porque amaron,
y desde allí donde ahora son el nuevo orden construido de sus días
muchos en silencio te habitan...
paisaje que clama su silencio de esquilas,
vivo en corazones dispersos crecidos por acogerte…
país donde hoy nos recreamos soñándote
como cuando cogíamos, allí tan arriba,
tus estrellas con la mano.
A José Luis Galar -Gracias
por tu ánimo- y para todos y todas burufalletas. Porque saben a qué lugares me
refiero. Y para Carlos por tu tortilla.
Hay lugares inmensos comparativamente diminutos, lo sé, atendiendo a lo físicamente mensurable en este planeta ya de por sí insignificante y perfecto en el espacio. Lugares diáfanos de par en par abiertos por el filo bruñido de las luces que desde niños tan bien aprendimos. Lugares en donde tierra y cielo piel con piel, curtida y sensible para resistir y amar, de agua, de tierra y de roca germinan en verdes y plata sus besos. Y si corre el aire, en sus mil formas de decirnos, nos relata susurros de aromas, o el romper de las olas, o el aliento de los desiertos…para que hagamos de miel y de roca y de polvo nuestra esencia. Lugares acomodados en nuestros ojos acostumbrados a lo asombroso de sus nuevos matices mostrando su ímpetu o su rubor. Son lugares donde todos tenemos un nombre, un origen, una pertenencia…tampoco se quedan sin nombre las curvas de la carretera, ni los campos, caminos y fuentes, perros y gatos, aires y aguas, casas y ruinas y hasta al nombre de los muertos les cuesta generaciones acabar de morir. Todo lo que tiene un nombre, por derecho propio, existe.
En ellos el tiempo, perdido su norte, soñoliento órbita un hoy cotidiano hecho de masa de pan sin cernir ayeres ni mañanas. Aturdido por el persistente relevo de gentes y estaciones queriendo mantener su pulso renovado, inexorable vaivén pendular del vivir, en estos lugares el tiempo nos mece hasta hacer soñarnos inexpugnables en nuestra atalaya resistiendo a salvo de tantas amenazas que nos habitan.
Es nuestro pueblo…estrella en el firmamento, firmamento estival, diminuto, inmenso, necesario, olvidado, deseado, apartado, ignorado, proclamado, querido y odiado …nuestro, de todos, de nadie, vaciado, llorado, rural y militante, diverso y siempre el mismo.
Allí pues nos seguimos juntando arrastrados por mareas vivas como restos del naufragio de lo que fuimos…abrimos las casas donde ya nadie espera como visitantes a destiempo y salimos a la calle a encontrarnos…otra vez aquí, no importa desde cuando, venidos desde allí de donde seamos el orden construido de nuestros días.
No firmamos tratados de paz o ponemos orden en el caos ambiental, ni pretendemos influir en la elecciones americanas del norte, ni tan siquiera en alguna del sur. Tampoco nos juntamos para compartir tensionadas sombras de pensamientos que se pierden en la lejanía, ni desenvainar desnaturalizados juicios de la mano de arcanos prejuicios o desenterrar rencores o negras envidias horadando en su agujero. A veces, eso sí y sin apenas resultados, nos gustaría incomodar un poco a consejeros muy de partido y nada de país. ¿ Pero acaso no es la armonía compartida un primer acto suficiente de cercanía y por tanto de rebeldía ?.
No, sólo nos juntamos en torno a lo que somos después de tantos que, sin invocar a un destino o a nobles estirpes, aquí sin saberlo de la mano nos han traído…. Con nuestra merienda, nuestra navaja, nuestra bota y nuestro legado de continuidad de Casa sobre las alas de las mariposas hablamos y hablamos… y hablando y riendo va pesando la tarde sobre este paisaje otoñal que somos y que nos mira… y habla y ríe sabiéndonos todos un mismo lugar diminuto e inmenso. O al menos eso queremos creer porque querer creer se parece a comprender lo aprendido.
Juntos contra la distancia y el tiempo, fugaz utopía, en este espacio tan nuestro abierto al mundo en canal compartiendo el privilegio de observar y procurar preservar pequeños espacios de dignidad. Contra todo pronóstico juntos una tarde más resistiendo sin más… juntos de nuevo celebrando el que más da, cultivando fértiles cercanías en nuestras pequeñas parcelas de poder, diminutos e inmensos…aquí seguimos, espora verde conteniendo en su vientre al mundo, esta tarde encarnado en el complejo milagro de una tortilla de patata.
Salud país.
Por cuenta ajena 19 años cotizados en lo que en casa siempre llamamos “el taller” y registrado como Industrias Mecánicas Adi. Taller de raíces forjadas al fuego de generaciones de herreros pasando el testigo en la yesca de su pan de vida por ganar. Todo acabó en una noche sin luna y mar en calma en las que los piratas de mercado y los trileros de charol acumulan sus tesoros en el curriculum de su vitae al servicio de exitosos balances especulativos. Así que sin la épica ni la ética, galardonas ausencias, que podrían esperarse de tan respetados gestores, con más gloria que pena de nuevo encendimos la fragua de los nuevos amaneceres por venir. He leído que lo que acontece es el relato que trasciende en lo que ocurre, es lo que se siente, lo que merece la pena ser amado, lo que se aprende, lo que perdura y proyecta en lo que ocurre que, de otro modo, sería sólo un incidente vacío, una muda de culebra abandonada entre dos piedras. Imposible decirte de tanto acontecer en el tiempo, mucho de lo ocurrido ya es el polvo que seremos.
Apenas me queda el
siseo del caer de miles de horas en 19 otoños dejándome sobre hombros y espejos
su poso de humus de lo que fue mi juventud. Mi vida laboral vio la
fluorescencia en una sala obstétrica de buzos azulina, impactos metálicos, humo
de ducados y codos afilados. Mi primer llanto de enternecedor oficinista tras 18
años de gestación fue espontáneo. Entré, por lo tanto, a esta insospechada
parte de mis días con la incógnita bajo el brazo de todo neonato abriéndose
paso a la luz del universo laboral.
Obediente a los cantos
de sirena fabriles y a los timbres de entrada a clases nocturnas fui tejiendo
en mis rincones de trabajo urdimbres de inercias tramadas de rutinas. Las
prensas, de excéntrica mecánica, marcaban con brutal pulso el tic-tac de los
bocados de acero configurando lo que era allí el silencio sobre el cual debía
elevarse la palabra.
Olvidados brazos, fuegos,
herramientas… incapaces ante las nuevas ambiciones eran ya maduros voltios,
toneladas fuerza, máquinas...y una pleamar azulina con sus lunes y sus viernes.
Sin rumbo ni bitácora
sobre un océano interminable de pautas, procedimientos, apasionadas cartas
comerciales, fichas y formularios con mensajes olvidados y vencimientos a la
vista fui archivando, diligente, por un
futuro tácitamente pactado uno a uno mis días.
Qué aprendí, que llegué
a comprender en aquella vieja oficina a presión. Qué queda en mí tras tan
compleja singladura. No sólo fue una estela de papel engullida por el mar del
tiempo… Sufrí procurando no resbalar en el rastro de mala baba del caracol,
perdoné porque comprendí la lentitud de sus respuestas tardías y la espiral
hacia adentro de su substancia, amé compartiendo con mi padre una avalancha de
amaneceres, aprendí a emprender desde la raíz de lo que somos, curtí mi piel al
roce de la aridez de los entornos, viví en definitiva sabiendo que fuera todo,
también yo mismo, esperaba.
Gané por tanto un poco
de mí mismo, me perdí la luz de Junio, gané acompañar a papá como se sigue a un
Quijote en un parque eólico, me perdí mis caminos insospechados, gané conocer a
buena gente en entornos hostiles, me perdí en las corrientes bravas de un
destino inquietante, gané tomar la arriesgada senda de la dignidad, me perdí el
carpe diem ..ya tendrás tiempo ya…cita canalla donde las halla…
Así que hoy mucho te debo
aquel yo de entonces, gracias chaval de coraje impuesto, no me siento
defraudado. En tu nombre ni a la nostalgia ni al rencor convoco y a los náufragos
de entonces avisto hoy bajo la misma sonrisa de luna en mengua dócil y tenaz.
Hoy te abrazo íntimo amigo de mi misma carne, te tomo con mis brazos esos tus
mismos de entonces, con la ingenuidad de tu entusiasmo como entonces, y beso tu
alma agazapada tras la aparente feliz normalidad impuesta y cotidiana.
Mi jovencísimo
desconcertado, coge hoy tu mano que te tiendo desde lo insospechado de tus días.
Un brindis final por el
éxito en las absorciones verticales, que de buena teta bien se medra. Salud terneros
de la meritocracia y el autobombo con sus medallas de latón recuerdo de un salchichón
y escarapelas bicolor…entended capacitados gestores que lo tenía que decir,
mera cuestión de honor, nada personal.
Tu madrugar aquel,
yacente en el azogue de los espejos rotos, computa hoy en la muda cifra de mis
días cotizados…Pero ni rastro en el informe de las densidades de aquellas tus
horas cuajando tus días, tan tiernamente sacrificados en el altar insaciable
del deber por cumplir que dicen es el vivir.
Salud y armonía allí
donde vuestra memoria perdure compañeros de lo hoy apenas recordado.
Por cuenta propia 25 años cotizados. Texartu estudio textil.
Me detengo demasiado en el trujal del tiempo allí
donde queda prensado en perfecto orden el orujo prieto y reseco de nuestros
días. No sé exprimir de otro modo mi vida laboral contenida en el informe de
valoración de mi jubilación. Disculpas por ello.
Empezó cuando decidí terminar, mejor olvidar, mi
anterior etapa en Adi. En ese preciso momento vital donde sabes que todavía se
pueden vivir otras vidas, adentrarse en otros misterios, re-encontrarse o
encontrarse si vas tarde, amar sin poseer, recorrer tus caminos…
Terminó para nosotros con un traspaso de la
actividad para una ciudadana, celebrada, trabajada, facilitada, mágica,
orgullosa continuidad. Terminar fue un logro de hombre blanco del primer mundo
no exento de cierta sensación extraña. Porque después de tanto, tantas muchas
cosas, pasar el testigo supuso detener la marcha, quedar atrás viendo alejarse
veloz como el tiempo al nosotros de entonces ya inalcanzables. Persiga con
orgullo cada uno su meta en esta calle compartida.
Co-autónomos como concepto vital, ajenos a seguridades y derechos aún por cosechar, fuimos yunta abriendo su huebra en la pulpa verde y grasa de las cercanías. Ganaba el amor su batalla y de la mano fuimos asediando cuarteles de invierno con agujas forjadas al tintineo ilusionado sobre el yunque de nuestros días buscando golpes certeros. Fuera del nosotros era invierno y pocos, sólo aquellos que siempre han sido y estado, ayudaban a poner en pie amaneceres o alejar el temor a las crueles ventiscas que arrasaban ya calles y plazas.
Fuimos
al fin mezcla de harinas por cerner, horno caliente, pan de casa, calle
festiva, textiles de cercanía, espacio de encuentro, gramo en el platillo
elevado de la balanza, tradición con su traición renovada, cultura rica y
diversa y libre, peña, dantza, cuadrilla y pañuelos abrazados al cuello interpretando el pulso de los pentagramas.
Tras la labor despertó la simiente con el buen
tempero de esta tierra y su gente, desperezó su tímida raíz para no perderse y
abrió a los vientos sus hojas volanderas para en ellos perderse.
Gracias amiga compañera de trabajo todas vosotras
allí donde estéis, amiga y amigo cliente vital y último fin de todo lo demás,
proveedor de apoyos tan necesarios, gracias a quien con su ánimo y ayuda animó
y ayudó, a los padres que temieron, confiaron y se ilusionaron al vernos junto
a su escuela de antaño “universidad de lo viejo” emprendiendo como aprendimos
de sus vidas, gracias a quien dañó y con ello enseñó, a la Asociación de
comerciantes del casco viejo enderezando entuertos, a instituciones públicas
del amor odio difícil de discernir, a profesionales varios e ilustrados pulpos
de compañía…Que gusto trabajar para la cara iluminada de vuestras lunas bajo
fuegos solsticiales, músicas de resistencia, afectos ceremoniales, brillo en
los ojos y vinos que escarban y hermanan.
Hoy apocado el empuje de esta yunta ante estos nuevos
barbechos por labrar, vuelta la vista atrás rebuscamos entre lo que dejó la
bajamar de esta “memoria del intento*” apenas desvelada. *De
Enrique Satué en Pirineo y manta.
Aquí quedamos, sin perder la capacidad de asombro
ante todo lo que se renueva en este vaivén de la vida. Todo continúa, todo
espera.
Asumiendo con cierta naturalidad pretendida su asombro inesperado,
ante una inquietante
ecuación azul de límites y silencios por confesar…
en un alarde de inmadurez
sobrevenida al dictado de su atrevimiento,
desafiante a la existencia
del tiempo le escribió palabras con trazas de amor …
Tanteando torpemente , sincero e imprudente , este mi exceso si lo fuera,
querer
y no querer decirte sobre este querer más de lo que tal vez quisiera,
dónde
los límites de lo académico , las aristas de
lo incorrecto , las área de lo tolerable ?
A
tus pies dejo ya este pesado fardo de silencios tantas veces ordenados en
vano,
silencios
rompiendo su pompa en su nada perfecta que se estremecen antes de estallar en estas
palabras.
Palabras para decirte de inevitables vacíos
agridulces en el estómago por tu miel y mi hiel desconcertada,
confesarte
mil presentimientos con tu nombre,
absurdos y persistentes como el rencor,
agradecerte
una perpleja pasión amaestrada , un ansia de libertad cotidiana , un desorden
vigilado,
mancharte
las manos con este mi abigarrado corazón
de barro fresco , crecido como una jarra en manos del alfarero por cómo
te he soñado para acogerte sin apreturas ni conflictos,
cambiar
mi vergüenza por el alfiler de tu sonrisa , mi confesión por tu indiferencia en
esta apenas armonía imaginada.
Quedo
a mi repleta vida adiestrada en el cumplimiento de cotidianas expectativas,
al
amparo de un sagrado orden conseguido , con mi bruñida coraza de compromisos
apenas oxidados,
en
mis explorados paraísos de andar por
casa a resguardo de la intemperie donde también se intuye la vida,
trivializando
el icono que yo sólo y por mi cuenta hice de ti con cargo a mis anhelos ,
carencias y frustraciones,
descargando
solitaria y clandestina mi fina lluvia de cariño sobre este tu terreno acotado
, tan permeable a la vida y tan hermoso.
Vapor
de agua , sólo es eso , ejerciendo su presión sobre esta máquina que parece correr desbocada y a destiempo
entre campos de ternura.
La ola llegó con su espuma , la aliaga trajo su flor, el cielo no olvidó su firmamento,
el amor su inquietud, la
rutina quebrada con su golpe de asombro, la inocencia del brazo de su sombra de
culpa…
Inquietud, asombro e inocencia cuando miraba su firmamento donde, confuso, sin ella saberlo, la había colocado.
Todo permaneció en orden
bajo esa luz irrenunciable y precavida, a una distancia convenientemente
insalvable de su presente.
Campo blanco, simiente negra, cinco bueyes
y una reja, dice la adivinanza,
¿Es la carta, es el pentagrama? ¿ Es la
música o es el verso por interpretar?
Ante muros de silencio medra mi palabra
residual en su pretendido desvelar,
ante muros de silencio medra mi txistu popular
en su pretendido celebrar,
ante muros de silencio medra mi palabra
residual en su pretendido celebrar,
ante muros de silencio medra mi txistu residual
en su pretendido desvelar…
Música y palabra volando ligeras al más
allá o al más aquí coincidente,
música y palabra, armonías negro y plata
desvelando del aire su fibra ondulada,
palabra y música, armonías de pasos
desvelando en la nieve su densidad azulada,
o etéreas texturas encontradas de la nada y
devueltas de nuevo al aire en tu busca…
Son el txistu, el chiflo, la gaita de boto,
el salterio lenguas vivas de resistencia,
asedio de trinos al silencio que calla
azorado con su amor por la música escondido…
son intérpretes de versos de la letra
editada liberados, en calles a voces compartidos,
sonido de gentes de un paisaje donde sestea
el tiempo su sueño siempre renovado…
son desconciertos de espacios sin etiqueta,
preludios de ilusiones, dantza que hermana,
orden de hebras del tiempo en pulso vital,
física del sonido, lenguaje del alma universal…
son matemática con incógnitas de alegrías, historias
inacabadas de juglares en viejos reinos…
Es mi otra lengua, mi mismo aliento.
O quizá sea cosa de mi torpe lengua triperina…una
es ésta en que balbuceo tras el cristal de la pantalla frases sospechosas de
onanismo.
Esta otra de la que ahora te hablo está hecha
de notas al aire, de plazas desoladas, de fiesta, de almuerzo base, pentagramas
solares y espacios conquistados… lo mismo en taskas de barrio como en tascas de
puerto mugante entre lo real y lo posible…
Palabra
y música siempre comparadas en la búsqueda de la belleza más allá de las
ventanas de par en par de los sentidos agitando las cortinas…
En esta
hablo, en la otra canto con mi lengua de madera perforada por donde fluyen
y
confluyen el aliento, la brisa, el cierzo y el suspiro…
aire
domesticado, exprimidas sus esencias, efímero aroma de lirios que en el aire
dejo,
aire..materia
intangible modulada en armonías, aire avivando fuegos, aire al aire…
En
ambas lenguas asciendo perezoso laderas nevadas,
paso a
paso hacia el encuentro en cimas de andar por casa.
Espacio
blanco, eco azulado, cinco cables y una bandada…
Quizá tornarán tiempos de alquitrán goteando viscosos sus días,
de
ansiedades de yeso estallando contra abrasadas incertidumbres,
del
plomo del miedo lastrando la sangre en sus caminos tan ajenos,
de
filos acerados coagulando de grana nuestras rosas de invierno,
del
marchitarnos desde dentro sin el consuelo de las heroicas derrotas,
de
mazas de bata blanca con su veredicto de amar y temer a un tiempo,
del
amar, y un temor sangre de la sangre de las mismas tripas del dolor…
y
un vértigo negro trepará tenaz por nuestros troncos de savias abatidas.
Quizá
volverán con su veredicto atroz las
oscuras golondrinas,
en
nuestros ojos sus augurios negros y lágrimas ocultas a colgar,
y
otra vez habitarán los viejos túneles de insomnes noches sin luna,
y
con su alas libres, así son los miedos rota ya su nube, llamarán…
y
su amenaza suspendida en el aire certera esperará anidar en tu pelo.
Quizá
volverán después las tupidas madreselvas hacia cumbres luminosas,
pétalos
de un amarillo ácido sobre celestes fundiendo en esperanza,
y
otra vez a la tarde, aún más hermosa y soleada tarde enamorada,
sus
flores de nuevo, pertinaz osadía, abrirán...fragancias y sosiegos…
abrirán
a la noche sus ventanas, al día sus caminos adelante por andar.