31/3/26

El violín de Isaac. Músicas y palabras.

 

Quizá la música, como del amor dice la canción, esté en el aire. O, quizá, habita las ancestrales criptas genéticas de nuestros gozos para definirnos como especie solicitándonos a su búsqueda de liberación. Mane donde mane la fuente de la música a su encuentro y captura se afana el compositor con su lírica red para cazar mariposas o interpretando sueños sonoros. Con sus grafías y teorías quiere atrapar sus armonías para aprendidos intérpretes que con mil distintos afinados utensilios modulen el cuerpo sonoro de las melodías.
Así en la callada inmensidad, contenida en la gota o en el océano, de lo que nos conmueve el aire mudo se ondula en voces que consuelan y ordenan.

Podrá no haber poetas; pero siempre habrá poesía…dijo Bécquer desde su romanticismo donde la vida en espejo invertido aspiraba a imitar lo escrito.

En literatura el autor escribe sus partituras de palabras y el lector las interpreta en su poco comprometida intimidad de textos mudos. Con sus instrumentos vitales el lector cierra así el círculo fecundo de lo expresado por el autor que dejó su grafía, simiente negra, a la espera. Puede haber otro nivel propiciado de magia y misterio por el que narra a viva voz lo leído, imaginado o escuchado… como en el hecho musical el que escucha es el fin último, el lugar de encuentro donde se sustancia y desemboca la sonoridad de palabras y sonoras armonías.
Narrar un texto o interpretar una melodía comparten el arriesgado arte de comunicar sin exclusiones predeterminadas, de dar cuerpo sonoro a palabras y notas escritas, de dar vida a lo comprendido por compartir, de interpretar aromas respetando las esencias. 
Oralidad y musicalidad abriendo el pecho de quien quiera creer, crear, cruzar, …nuevas, punzantes, apasionadas…realidades. 

Vayamos con la historia.

Erase una vez una herrería donde se doblegaba el hierro, claro está, para sus usos donde forma y temple eran esenciales para abrirse paso entre las resistencias cotidianas. El fuego en la fragua, el aire en el fuelle, el agua en la pila, la firmeza en el yunque, la fuerza en el brazo, la certeza en el tino, el esfuerzo en la necesidad, el orgullo en el pecho, la contabilidad en la iguala…todo un mundo de elementos dispuesto para un pan de resistencia y alegrías por conquistar.
Más tarde los pañuelos, como banderas blancas al aire, irían anunciando el final pasando de calmar la frente a secar la sal más pura, ácida y menuda, de los ojos. 

También había en Casa dos guitarras , algún libro de Santos, cancioneros, misas y funerales cantados y por cantar, el burro Felipe y Chispa la perreta. Allí nació Isaac… entre tuercemorros, tenazas, mallos, martillos y el tintineo en el yunque en búsqueda del golpe certero.

La herrería tenía pues algo de orquesta, de metales principalmente, al ritmo marcado por los golpes en distintas octavas, claves y brillos de instrumentos-herramienta de mayor o menor contundencia, intensidad y dinámicas sobre el yunque en sus diferentes formas y utilidades. El cadencioso órgano del gran fuelle que avivaba el crepitar del carbón a cada bocanada aportaba su grave nota pedal abrumada bajo la marcada melodía. No faltaba la letra coral en todo aquello en sus diferentes registros y texturas. Nada en la herrería, por lo tanto, era ajeno a cierta inclinación por ordenar los sonidos y sus tiempos en algo más armónico a través de otras herramientas con que atrapar y transmitir sensaciones.
El humo, el fuego, el calor, el óxido, la brasa, la ceniza, la escoria, el carbón, el hollín, la chispa y la carbonilla aportaban un valor escénico de indudable valor pero en lo musical no tenían relevancia alguna, al menos respetaban el silencio y  bien es sabido que en una pieza musical los silencios también son música.
Así pues los de Casa Ferrero mudaban piel y muda periódicamente, también acudían al Gállego a Sanjuanarse cada 24 de Junio para mantener su piel con una sensibilidad aceptable a su medio. En el agua renovadora quedaba, creer es lo importante, el exceso de durezas, caparazones de rencor e injustas erosiones sufridas en el discurrir de sus vidas. Mantenían, eso si, una epidermis de resistencia al medio necesaria para todo aquel que se ponga bajo el sol, a veces abrasador, de los aconteceres de este mundo erosivo por imperfecto.
Lo digo por si alguien creyera que un herrero rural por tener fama de engañar al diablo era de su misma piel ahumada por su malvada brutalidad.

El caso es que un buen día Isaac tuvo ocasión de comprar en Yeste, a cambio de un pan de kilo, un violín de aquellos de Paternoi. La afición al cuarto arte ya le venía de casa y de los bailes de la redolada. El deseo de impresionar a su público, mayormente al femenino, ya le venía de atrás. La necesidad de algún dinero extra tampoco estaba de más. Que mejor negocio que satisfacer la afición, el deseo y la necesidad a cambio de un pan blanco de kilo a cambio a su vez de dos de trigo en el molino a cambio de apuntar cuatro rejas y herrar dos machos.
Entre las deficiencias del instrumento estaba la falta de pelo en el arco pero Isaac de crines ya sabía algo atento a evitar las coces de machos ariscos. Así que con la cola de la yegua blanca de Casa Jarne compuso su arco al gusto del mismísimo Sarasate. Al Irundar Pablo no le conocí pero a Isaac, mi padre, mucho y bien por lo que creo puedo mantener mi anterior afirmación.

A base de pasar su arco en diferentes inclinaciones, rascar le decía, buscaba pertinaz un diálogo entre iguales de cuatro cuerdas con cuatro dedos. Poco a poco empezaron a brotar de la vieja madera, primavera deseada en la soledad de campos y sasos, verdes notas temblorosas ya con el aire insinuando aromas del bolero, en sus primeros pasos, titulado Caminito. Mallo, ramal y violín de las mismas manos se guiaban así que oficio y afición de su mano hacia Riglos muy de mañana marchaban.
Un día de algo que celebrar enganchado en el estribo del Canfranero para apearse en Riglos a tocar sus apocados aires de modernidad se abrió la maleta del instrumento cuando ya el menhir Firé anunciaba la proximidad del apeadero. Cayendo el violín a vueltas los nervios, la fatalidad, el miedo escénico, el no tener billete, la culpa…lo que fuera o todo junto lo puso en buen apuro. Acostumbrado a templar hierros a rojo cereza bien templado saltó del tren, recuperó su tesoro y volvió a subir…nada que no tuviera solución diremos que gracias a la Virgen del Mallo con Santa Cecilia de la mano. Lo apañó, tocó, llenó un espacio de su música y, decía con orgullo sorprendido,… joder, hasta bailaban.
No hay lugar donde no quepa el intento de quien busca y ofrece la belleza como un heraldo de lo posible. Es la tierra misma la que canta coral por sus mil gargantas himnos de victoria sobre la cara oscura de los días. En salas y eras “el baile” eran gentes y músicas celebrando una misma fiesta ganada al encuentro de espacio y tiempo que forjaba su vida. Ecos de una tradición de narradores de raíz profunda abiertos a las nuevas floradas con los aromas que llegaban del mundo en su rodar imparable.
Eran flor de almendro atrayendo a su abeja, sexo abierto al desconcierto del amor.
Eran baile y en él el asombro, la vergüenza y la desvergüenza, la proximidad soñada, el encuentro, el beso escondido, la frustración de la espera, la asumida indecisión, la buena comida y el trago largo compartido.

Llegó el día que tuvo que marchar, drama clásico en esta montaña de plena vigencia en este mundo, y con mi madre a los 15 días de casarse embarcaron hacia Buenos Aires. Condición sabia de mi abuela, esta de ir ya casado, para reforzar amparos y facilitar retornos como así fue. Con ellos iba lo que consideraron de valor en su nueva vida en las Américas. Una caja de Terry que canjear en destino por algo que aliviara el bolsillo, una máquina de coser para mantener unidos los retales de sus esperanzas, un colchón para el descanso y el deseo necesarios para lo porvenir y el violín con su alma dispuesta para el encuentro con las gentes de piel de almendro que le precedieron.

Desconozco, nunca se habló de ello, que fue de aquel violín que salió del malogrado Paternoi para llegar al Buenos Aires del Obelisco, insignificante Firé, y las grandes avenidas.
Lo imagino en las meriendas entre churrascos y capeas de índices en los parietales, en el Centro de Aragón ante joteros polacos, entre botas en alto y testigo de las cartas y fotografías dedicadas de mi padre a los suyos…Con un fuerte abrazo para mamá hermanos y sobrinos en el día de Navidad. Buenos Aires 24-12-57.

Allí quedó, en aquel nuevo mundo de cantos de sirena fabriles antes del amanecer como parte de una historia de arraigos y desarraigos. Quizá, no lo creo, quedó como un capricho viejo inservible para un retorno exitoso. O su pecho de abeto se enamoró de rasgados aires de tango, o cansado ya del bullicioso silencio urbano en su maletín calló para siempre sus sufridas armonías.   

Así pues, violín de Isaac, de tu caja de resonancia arranco de viva voz estas palabras que pocos, quizá nadie, me temo escuchará.    

 

23/12/25

MONTAÑA DIGNA.



No cumple el criterio topográfico mínimo exigible, por lo que se halla fuera de toda cartografía especializada en fugas. Para su representación gráfica sólo se han utilizado las escalas de detalle propias de los planos urbanísticos. No podría decirse, por lo tanto,  que mi primer contacto con ella hubiera tenido lugar en aquella lisa extensión de barrio inacabado. Sin embargo aquella muga de resistencia al asedio urbano, degradada al generalista nombre de campo, compartía su esencia con lo hallado tras otras mugas menos domésticas que más tarde me salieron al paso.

Independientemente de sus impulsos emergentes sobre el mar y de la densidad de sus curvas de nivel en todas ellas resultaban igualmente empalagosos los caminos aferrándose a mis pasos. Y cuando la luz se alzaba victoriosa con su manto azul bordado de alegrías, en todas ellas la rebeldía de la vida brotaba desde su introspección embalsamada. Es por ello que creo que aquel campo verde de mi niñez, con su hospitalario camino y sus collares de margaritas, fue mi primera lección de la dignidad de toda montaña. 

Ir aprendiendo para luego ir entendiendo… La docilidad del barro entre las manos, la belleza por interpretar en la flor, la trascendencia del camino, la sabiduría del bosque, la templada levedad de sus cantos, la reflexión ante el hormiguero, el pálpito ante el vacío, las densidades del aire, el relato humano con su medio, los distintos nombres de ser nieve, de ser árbol, montaña, de ser todo ser.….Hasta llegar a comprenderla ella en mí y yo en ella en el milagro cotidiano de la hojarasca de mis días.

Conozco unas cuantas montañas, en su gran mayoría en mi país diverso y trasversal que llamamos Pirineo,  pero me puede el sentimiento de unidad coral que me transmiten sus armonías, por eso prefiero montaña, Pirineo, rebaño, humanidad… esencias compartidas. Eso sí, sin traspasar, ¡ojo cuidado a las señales!, las engañosas mugas de la simplista generalización del relato blanco o negro tan utilitario en nuestro días de minutos numerados. 

Ya en ella me paro ante el escorzo de avalancha de horizontes a la fuga que es la montaña recogiéndose fiel a mis pies, para, a cada paso, ir desplegando sus misterios. Abajo, como un bote varado en su verde oleaje de espumas primaverales cruzado del rastro imposible de mil estelas, o encallado bajo el aliento del sol de invierno, el pueblo y su montaña permanecen inmutables como la sugestiva imagen en el calendario del bar. Soy la nada inmersa en un vértigo diáfano. Allí el asombro, la libertad que inquieta, la consciencia del gran vacío que todo circunda. Allí se hacen patentes ausencias, presencias y pertenencias. Te atrae, te retrae. La tierra acoge, el cielo ampara… Para luego siempre volver a mi mundo abigarrado donde todo vacio espera reclamando su algo que lo subsane.

Montaña viva explicada con viejas fábulas y tiernos engaños aprendidos a lo ancho y largo del espacio y del tiempo para celebrar un compartido sosiego de certezas. Montañés que con ternura quieres creer, querer es lo importante, en cuentos protegidos del tiempo por manos de raíz y ojos forjados al fuego de la vida en su vaivén pendular de astros y anhelos. A quien pudo importar la realidad desconocida frente al contundente relato imaginado o sugerido como verdad que ampara. Hoy todo es más complejo en este magma del relato de pantalla a la carta de los algoritmos. Camino entre estos fuegos digitales de falsedades y certezas un tanto desorientado, buscando, como hicieron ellos, salir, como de un bosque o un buen poema, ligeramente mejorado.           

Montaña digna descarnada de despedidas hacia el canto prometedor de las sirenas fabriles. Pirineo colonial de recursos extractivos, aprovechamientos, proyectos y modelos de desarrollo de pan para hoy y hambre para mañana. Montañés digno en su montaña. Montañeses también los corazones nido de latentes petirrojos despertando el recuerdo a la llamada de primaveras urbanas… ya lo dijo Labordeta en su sólo querían montañas, agua y electricidadle faltó decir saber hacer y manos dispuestas para el pan y la justa ambición de quien emprende su camino.

En la falsa, junto al osario acumulado del pasado dormita la herencia raíz y su manoseada memoria. Quizá no todo de lo ocurrido o imaginado, ya semi- enterrado, merezca ser hoy salvado. No hay tradición sin traición ni vitrina que la contenga con vida. Todo necesariamente fluye, cambia, se adapta al cauce del tiempo en su camino al mar de lo que somos. La dignidad del bosque, de la cima, de la val, del pueblo a contra-corriente, del  futuro sin lastre por construir…todo permanece y espera. Todo lo que tiene un nombre existe.

Salgamos pues donde las hojas siguen cayendo hacia su cielo eterno en su frus-frus con el eco de tu voz. Escuchemos del musgo su caricia verde, de la zarza su ojo a la espina, del bubón su voz temida, del imperio de la noche su mirada de desafío, de la tierra su energía, de la muerte su cruz en la moneda de oro de la vida, del fuego la luz que convoca, del viento sur su nuevo ímpetu tropical al ritmo de cambio climático… Buscar, salir, escuchar, comprender, construir, ser y estar por la íntima dignidad de toda montaña.


17/12/25

QUÍMICA LÍRICA DEL CARBURO DE LA PEÑA.

 




Química lírica del carburo. Elementos.

Agua.

Alto Gállego, agua joven apartada de tu cauce por encofrados caminos, cautelosa por mano extraña te dejas llevar sin saber apenas que dejas de ser río. Agua del Pirineo, mil vidas,  distraída de tu destino de batir de olas y alas rosas para ser colosal fuerza desplomada sobre la Central de Carcavilla.

Entraña blanca bramando tu mecánico brío en sedientas caracolas, estremeciendo turbinas generando bravas corrientes por cable…  atrás dejas ya tu energía transformada y compartida para volver, azorada, a ser agua descendiendo hacia derrumbados horizontes marinos.

 Muy dentro de tu física de infinitas formas, tres estados, los sabios a gritos  gimieron, fue una noche de luna plena,  que se hallaba en ti el germen de toda vida. En la más íntima esencia de tu más diminuta gota desvelaron, es de creer, tus secretas vinculaciones y reacciones… Resultó que la mágica estructura de lo que vive, también por lo tanto de nuestros anhelos, se apoya en un átomo de oxígeno y dos de hidrógeno unidos a él. Abreviaron tu composición, que no tus nombres, según la tabla de elementos químicos como H2O. Nadie dijo tanto en tan poco.

 Roca caliza.

Escalete, esqueleto náufrago de calizas nostalgias de un mar desterrado hoy sólo en paneles de curiosidades geológicas recordado. Mineral elevado, esculpido, camuflado legado, reposo eterno de corales y caracolas decantando en tropicales fondos marinos, conchas de erizos bajo el polvo de tus caminos. Roca, piedra con luz engendrada, desgajada para llevar hebras de los remotos soles que escondes allí donde una llama amparar pudiera…ya en vagonetas desciendes a debilitarte en pedazos condenada al infierno que el carbón y el agua alimentan.

Carbonato de calcio, CaC03 es tu gris divisa, ahora sólo queda ya tu ósea entraña de cal viva. Óxido de calcio ( Ca0 ), aparente ceniciento muerto despojo  , ave Fénix, reactiva fuerza a la espera del milagro.

Carburo de calcio.

Diste nombre a la fábrica y al pueblo levantado sobre su memoria en la  Gorgocha anegada. Allí, de su vientre candente preñado de descomunales tormentas secas en un imaginado infierno, cal y antracita reaccionando químicamente obran la estructura de tu magia. Allí fluyes, fabril magma,  en interminables coladas como cestas de frutos maduros, allí retienes al hombre para acogerte, por un salario, con  sus pesadas cadenas de trabajo.

Allí, en La Peña, ya frío, cristalino e inorgánico ( CaC2 ), como venido de un árido planeta esperabas las gotas que calmaran la sed de tu piel. Agua como fuente de energía, carburo de la cal, cal de la roca, roca del agua…carburo y agua liberando gas acetileno ( C2H2 )…y de nuevo el fuego en memoria de aquellos arcanos soles para librar al hombre, al menos, de algunas de sus pasadas sombras. 

Tímida enseña amarillo-naranja fue tu llama altiva perforando duras oscuridades. Pero apenas pudiste vencer el olvido…sólo de ti hoy nos quedan vagos recuerdos, las huellas que tu paso dejó y algunos edificios donde se fraguó, día y noche, tu acumulada y misteriosa energía ambulante.

3/10/24

SOBREPUERTO -Soledad no es abandono-









Esculpieron tu  asombrado gesto con su orden de piedra ancestral

montañeses de tasca y piel por igual, tierra y brazos de igual a igual,

eras lugar de lugares, cada uno un titán granando el pan azul de tus días…

 

 Sobrepuerto, nabata contra corriente entre crestas anunciando amanecidas,

soñando alcanzar tu costa dorada con batanes, molinos y rondas aguerridas,

nada de la vida te era ajeno… mejorar lo recibido, olvidar parte de lo aprendido,

y transmitir lo comprendido a los ángeles que a tu amparo se fueron posando…

en el valor de maestras de pechos de nido, en caderas maternas de Casas abiertas,

en el alda altiva con primor mil veces remendada de tus laderas y solanas.

 

Sobrepuerto, piedra dispuesta por tus manos para amparo en los caminos,

contener bancales bajo el pulso del tiempo con sus nubes y sus días,

esponjarse en tosca empapada de palabra y humo de un mismo fuego,

extenderse rendida a tus pies en eras y salas bajo trillos y alegrías,

y escamar tus tejado temerosos y enamorados del vértigo del mirar del cielo…

 

Domesticaste una pizca de mundo, diminuta e inmensa,  para un porvenir compartido,

y fuiste castillo inexpugnable de puertos abiertos y linajes de andar por casa,

orgullo interminable de cabañeras hacia el tenaz atardecer del llano,

y todo en ti tubo su nombre en la gran pila caliza donde todo lo nombrado existe,

y los días y las noches fueron trayendo sus esencias de musgo y de piedras calcinadas…

 

Sobrepuerto, manos de enebro conquistando su amparo tras sus rompeolas

donde baten oleajes de fieros horizontes…


Aprendiste tu soledad en el silencio de los primeros abrazos exprimiendo ausencias,

comprendiste el desconcierto tras el aullar del canto de las sirenas fabriles,  

y desamparado por el veredicto de las corbatas susurrando brillantes porvenires 

vaciaste tu coraje sobre todo lo que eras y marchaste en mil maletas sin mirar atrás…

la montaña ,en tus ojos , rendía altiva su derrota clandestina y cruel.

 

Marcharon dejando su estela, fugaz o tenaz,  de esperanza y dolor en pañuelos al viento…

 o consolando sus ojos en tus puertos tan ajenos a la mar .  

 

Y en el nuevo paisaje de la natural ambición aceptaron su pena, trabajos  y recompensas …
pero nunca olvidaron porque amaron,

y desde allí donde ahora son el nuevo orden construido de sus días

muchos en silencio te habitan...

paisaje que clama su silencio de esquilas,

vivo en corazones dispersos crecidos por acogerte…

país donde hoy nos recreamos soñándote como cuando cogíamos, allí tan arriba,

tus estrellas con la mano.

23/9/24

HAY LUGARES.

 


 A José Luis Galar -Gracias por tu ánimo- y para todos y todas burufalletas. Porque saben a qué lugares me refiero. Y para Carlos  por tu tortilla.



Hay lugares inmensos comparativamente diminutos, lo sé,  atendiendo a lo físicamente mensurable en este planeta ya de por sí insignificante y perfecto en el espacio. Lugares diáfanos de par en par abiertos por el filo bruñido de las luces que desde niños tan bien aprendimos. Lugares en donde tierra y cielo piel con piel, curtida y sensible para resistir y amar, de agua, de tierra y de roca germinan en verdes y plata sus besos. Y si corre el aire, en sus mil formas de decirnos, nos relata susurros de aromas, o el romper de las olas, o el aliento de los desiertos…para que hagamos de miel y de roca y de polvo nuestra esencia. Lugares acomodados en nuestros ojos acostumbrados a lo asombroso de sus nuevos matices mostrando su ímpetu o su rubor. Son lugares donde todos tenemos un nombre, un origen, una pertenencia…tampoco se quedan sin nombre las curvas de la carretera, ni los campos, caminos y fuentes, perros y gatos, aires y aguas, casas y ruinas y hasta al nombre de los muertos les cuesta generaciones acabar de morir. Todo lo que tiene un nombre, por derecho propio,  existe.

En ellos el tiempo, perdido su norte, soñoliento órbita un hoy cotidiano hecho de masa de pan  sin cernir ayeres ni mañanas. Aturdido por el persistente relevo de gentes y estaciones queriendo mantener su pulso renovado, inexorable vaivén pendular del vivir, en estos lugares el tiempo nos mece hasta hacer soñarnos inexpugnables en nuestra atalaya resistiendo a salvo de tantas amenazas que nos habitan.

Es nuestro pueblo…estrella en el firmamento, firmamento estival, diminuto, inmenso, necesario, olvidado, deseado, apartado, ignorado, proclamado, querido y odiado …nuestro, de todos, de nadie, vaciado, llorado, rural y militante, diverso y siempre el mismo.

Allí pues nos seguimos juntando arrastrados por mareas vivas como restos del naufragio de lo que fuimos…abrimos las casas donde ya nadie espera como visitantes a destiempo y salimos a la calle a encontrarnos…otra vez aquí, no importa desde cuando, venidos desde allí de donde seamos el orden construido de nuestros días.

No firmamos tratados de paz o ponemos orden en el caos ambiental, ni pretendemos influir en la elecciones americanas del norte, ni tan siquiera en alguna del sur. Tampoco nos juntamos para compartir tensionadas sombras de pensamientos que se pierden en la lejanía, ni desenvainar desnaturalizados juicios de la mano de arcanos prejuicios o desenterrar rencores o negras envidias horadando en su agujero. A veces, eso sí y sin apenas resultados, nos gustaría incomodar un poco a consejeros muy de partido y nada de país. ¿ Pero acaso no es la  armonía compartida un primer acto suficiente de cercanía y por tanto de rebeldía ?.

No, sólo nos juntamos en torno a lo que somos después de tantos que, sin invocar a un destino o a nobles estirpes, aquí sin saberlo de la mano nos han traído…. Con nuestra merienda, nuestra navaja, nuestra bota y nuestro legado de continuidad de Casa sobre las alas de las mariposas  hablamos y hablamos… y hablando y riendo va pesando la tarde sobre este paisaje  otoñal que somos y que nos mira… y habla y ríe sabiéndonos todos un mismo lugar diminuto e inmenso. O al menos eso queremos creer porque querer creer se parece a comprender lo aprendido.

Juntos contra la distancia y el tiempo, fugaz utopía, en este espacio tan nuestro abierto al mundo en canal compartiendo el privilegio de observar y procurar preservar pequeños espacios de dignidad. Contra todo pronóstico juntos una tarde más resistiendo sin más… juntos de nuevo celebrando el que más da, cultivando fértiles cercanías en nuestras pequeñas parcelas de poder, diminutos e inmensos…aquí seguimos, espora verde conteniendo en su vientre al mundo, esta tarde encarnado en el complejo milagro de una tortilla de patata.                                                                                                                            

Salud país.

19/5/24

VIDA LABORAL.

 


Por cuenta ajena 19 años cotizados en lo que en casa siempre llamamos “el taller” y registrado como Industrias Mecánicas Adi. Taller de raíces forjadas al fuego de generaciones de herreros pasando el testigo en la yesca de su pan de vida por ganar. Todo acabó en una noche sin luna y mar en calma en las que los piratas de mercado y los trileros de charol acumulan sus tesoros en el curriculum de su vitae al servicio de exitosos balances especulativos. Así que sin la épica ni la ética, galardonas ausencias, que podrían esperarse de tan respetados gestores, con más gloria que pena de nuevo encendimos la fragua de los nuevos amaneceres por venir. He leído que lo que acontece es el relato que trasciende en lo que ocurre, es lo que se siente, lo que merece la pena ser amado, lo que se aprende, lo que perdura y proyecta en lo que ocurre que, de otro modo, sería sólo un incidente vacío, una muda de culebra abandonada entre dos piedras. Imposible decirte de tanto acontecer en el tiempo, mucho de lo ocurrido ya es el polvo que seremos. 

Apenas me queda el siseo del caer de miles de horas en 19 otoños dejándome sobre hombros y espejos su poso de humus de lo que fue mi juventud. Mi vida laboral vio la fluorescencia en una sala obstétrica de buzos azulina, impactos metálicos, humo de ducados y codos afilados. Mi primer llanto de enternecedor oficinista tras 18 años de gestación fue espontáneo. Entré, por lo tanto, a esta insospechada parte de mis días con la incógnita bajo el brazo de todo neonato abriéndose paso a la luz del universo laboral.  

Obediente a los cantos de sirena fabriles y a los timbres de entrada a clases nocturnas fui tejiendo en mis rincones de trabajo urdimbres de inercias tramadas de rutinas. Las prensas, de excéntrica mecánica, marcaban con brutal pulso el tic-tac de los bocados de acero configurando lo que era allí el silencio sobre el cual debía elevarse la palabra.

Olvidados brazos, fuegos, herramientas… incapaces ante las nuevas ambiciones eran ya maduros voltios, toneladas fuerza, máquinas...y una pleamar azulina con sus lunes y sus viernes.

Sin rumbo ni bitácora sobre un océano interminable de pautas, procedimientos, apasionadas cartas comerciales, fichas y formularios con mensajes olvidados y vencimientos a la vista fui archivando, diligente,  por un futuro tácitamente pactado uno a uno mis días.

Qué aprendí, que llegué a comprender en aquella vieja oficina a presión. Qué queda en mí tras tan compleja singladura. No sólo fue una estela de papel engullida por el mar del tiempo… Sufrí procurando no resbalar en el rastro de mala baba del caracol, perdoné porque comprendí la lentitud de sus respuestas tardías y la espiral hacia adentro de su substancia, amé compartiendo con mi padre una avalancha de amaneceres, aprendí a emprender desde la raíz de lo que somos, curtí mi piel al roce de la aridez de los entornos, viví en definitiva sabiendo que fuera todo, también yo mismo, esperaba.  

Gané por tanto un poco de mí mismo, me perdí la luz de Junio, gané acompañar a papá como se sigue a un Quijote en un parque eólico, me perdí mis caminos insospechados, gané conocer a buena gente en entornos hostiles, me perdí en las corrientes bravas de un destino inquietante, gané tomar la arriesgada senda de la dignidad, me perdí el carpe diem ..ya tendrás tiempo ya…cita canalla donde las halla…

Así que hoy mucho te debo aquel yo de entonces, gracias chaval de coraje impuesto, no me siento defraudado. En tu nombre ni a la nostalgia ni al rencor convoco y a los náufragos de entonces avisto hoy bajo la misma sonrisa de luna en mengua dócil y tenaz. Hoy te abrazo íntimo amigo de mi misma carne, te tomo con mis brazos esos tus mismos de entonces, con la ingenuidad de tu entusiasmo como entonces, y beso tu alma agazapada tras la aparente feliz normalidad impuesta y cotidiana.

Mi jovencísimo desconcertado, coge hoy tu mano que te tiendo desde lo insospechado de tus días.

Un brindis final por el éxito en las absorciones verticales, que de buena teta bien se medra. Salud terneros de la meritocracia y el autobombo con sus medallas de latón recuerdo de un salchichón y escarapelas bicolor…entended capacitados gestores que lo tenía que decir, mera cuestión de honor, nada personal.

Tu madrugar aquel, yacente en el azogue de los espejos rotos, computa hoy en la muda cifra de mis días cotizados…Pero ni rastro en el informe de las densidades de aquellas tus horas cuajando tus días, tan tiernamente sacrificados en el altar insaciable del deber por cumplir que dicen es el vivir.

Salud y armonía allí donde vuestra memoria perdure compañeros de lo hoy apenas recordado.

 Por cuenta propia 25 años cotizados. Texartu estudio textil.

Me detengo demasiado en el trujal del tiempo allí donde queda prensado en perfecto orden el orujo prieto y reseco de nuestros días. No sé exprimir de otro modo mi vida laboral contenida en el informe de valoración de mi jubilación. Disculpas por ello.

Empezó cuando decidí terminar, mejor olvidar, mi anterior etapa en Adi. En ese preciso momento vital donde sabes que todavía se pueden vivir otras vidas, adentrarse en otros misterios, re-encontrarse o encontrarse si vas tarde, amar sin poseer, recorrer tus caminos…

Terminó para nosotros con un traspaso de la actividad para una ciudadana, celebrada, trabajada, facilitada, mágica, orgullosa continuidad. Terminar fue un logro de hombre blanco del primer mundo no exento de cierta sensación extraña. Porque después de tanto, tantas muchas cosas, pasar el testigo supuso detener la marcha, quedar atrás viendo alejarse veloz como el tiempo al nosotros de entonces ya inalcanzables. Persiga con orgullo cada uno su meta en esta calle compartida.  

Co-autónomos como concepto vital, ajenos a seguridades y derechos aún por cosechar, fuimos yunta abriendo su huebra en la pulpa verde y grasa de las cercanías. Ganaba el amor su batalla y de la mano fuimos asediando cuarteles de invierno con agujas forjadas al tintineo ilusionado sobre el yunque de nuestros días buscando golpes certeros. Fuera del nosotros era invierno y pocos, sólo aquellos que siempre han sido y estado, ayudaban a poner en pie amaneceres o alejar el temor a las crueles ventiscas que arrasaban ya calles y plazas.  

Fuimos al fin mezcla de harinas por cerner, horno caliente, pan de casa, calle festiva, textiles de cercanía, espacio de encuentro, gramo en el platillo elevado de la balanza, tradición con su traición renovada, cultura rica y diversa y libre, peña, dantza, cuadrilla y pañuelos abrazados al cuello interpretando el pulso de los pentagramas.

Tras la labor despertó la simiente con el buen tempero de esta tierra y su gente, desperezó su tímida raíz para no perderse y abrió a los vientos sus hojas volanderas para en ellos perderse.

Gracias amiga compañera de trabajo todas vosotras allí donde estéis, amiga y amigo cliente vital y último fin de todo lo demás, proveedor de apoyos tan necesarios, gracias a quien con su ánimo y ayuda animó y ayudó, a los padres que temieron, confiaron y se ilusionaron al vernos junto a su escuela de antaño “universidad de lo viejo” emprendiendo como aprendimos de sus vidas, gracias a quien dañó y con ello enseñó, a la Asociación de comerciantes del casco viejo enderezando entuertos, a instituciones públicas del amor odio difícil de discernir, a profesionales varios e ilustrados pulpos de compañía…Que gusto trabajar para la cara iluminada de vuestras lunas bajo fuegos solsticiales, músicas de resistencia, afectos ceremoniales, brillo en los ojos y vinos que escarban y hermanan.

Hoy apocado el empuje de esta yunta ante estos nuevos barbechos por labrar, vuelta la vista atrás rebuscamos entre lo que dejó la bajamar de esta “memoria del intento*” apenas desvelada. *De Enrique Satué en Pirineo y manta.

Aquí quedamos, sin perder la capacidad de asombro ante todo lo que se renueva en este vaivén de la vida. Todo continúa, todo espera. 


7/5/24

RESTOS DE PODA.

 





Asumiendo con cierta naturalidad pretendida su asombro inesperado,

ante una inquietante ecuación azul de límites y silencios por confesar…

en un alarde de inmadurez sobrevenida al dictado de su atrevimiento,

desafiante a la existencia del tiempo le escribió palabras con trazas de amor …

 Y así se decía en su carta sin dirección :     

Tanteando torpemente , sincero e imprudente , este mi exceso si lo fuera,

querer y no querer decirte  sobre este  querer más de lo que tal vez quisiera,

dónde los límites de lo académico , las aristas de  lo incorrecto , las área de lo tolerable ?

A tus pies dejo ya este  pesado  fardo de silencios tantas veces ordenados en vano,

silencios rompiendo su pompa en su nada perfecta  que se estremecen antes de estallar en estas palabras.  

Palabras para decirte de inevitables vacíos agridulces en el estómago por tu miel y mi hiel desconcertada,

confesarte mil  presentimientos con tu nombre, absurdos y persistentes como el rencor,

agradecerte una perpleja pasión amaestrada , un ansia de libertad cotidiana , un desorden vigilado,

mancharte las manos con este mi abigarrado corazón  de barro fresco , crecido como una jarra en manos del alfarero por cómo te he soñado para acogerte sin apreturas ni conflictos,

cambiar mi vergüenza por el alfiler de tu sonrisa , mi confesión por tu indiferencia en esta apenas armonía imaginada.

Quedo a mi repleta vida adiestrada en el cumplimiento de cotidianas expectativas,

al amparo de un sagrado orden conseguido , con mi bruñida coraza de compromisos apenas oxidados,

en mis explorados  paraísos de andar por casa a resguardo de la intemperie donde también se intuye la vida,

trivializando el icono que yo sólo y por mi cuenta hice de ti con cargo a mis anhelos , carencias y frustraciones,

descargando solitaria y clandestina mi fina lluvia de cariño sobre este tu terreno acotado , tan permeable a la vida y tan hermoso.

Vapor de agua , sólo es eso , ejerciendo su presión sobre esta máquina  que parece correr desbocada y a destiempo entre campos de ternura.

La ola llegó con su espuma , la aliaga trajo su flor, el cielo no olvidó su firmamento,

el amor su inquietud, la rutina quebrada con su golpe de asombro, la inocencia del brazo de su sombra de culpa…

Inquietud, asombro e inocencia cuando miraba su firmamento donde, confuso, sin ella saberlo, la había colocado.

Todo permaneció en orden bajo esa luz irrenunciable y precavida, a una distancia convenientemente insalvable de su presente.


4/5/24

TTUN-TTUN


 






Campo blanco, simiente negra, cinco bueyes y una reja, dice la adivinanza,

¿Es la carta, es el pentagrama? ¿ Es la música o es el verso por interpretar?

Ante muros de silencio medra mi palabra residual en su pretendido desvelar,

ante muros de silencio medra mi txistu popular en su pretendido celebrar,

ante muros de silencio medra mi palabra residual en su pretendido celebrar,

ante muros de silencio medra mi txistu residual en su pretendido desvelar…

Música y palabra volando ligeras al más allá o al más aquí coincidente,

música y palabra, armonías negro y plata desvelando del aire su fibra ondulada,

palabra y música, armonías de pasos desvelando en la nieve su densidad azulada,

o etéreas texturas encontradas de la nada y devueltas de nuevo al aire en tu busca…

Son el txistu, el chiflo, la gaita de boto, el salterio lenguas vivas de resistencia,

asedio de trinos al silencio que calla azorado con su amor por la música escondido…

son intérpretes de versos de la letra editada liberados, en calles a voces compartidos,

sonido de gentes de un paisaje donde sestea el tiempo su sueño siempre renovado…

son desconciertos de espacios sin etiqueta, preludios de ilusiones, dantza que hermana,

orden de hebras del tiempo en pulso vital, física del sonido, lenguaje del alma universal…

son matemática con incógnitas de alegrías, historias inacabadas de juglares en viejos reinos…

Es mi otra lengua, mi mismo aliento.

O quizá sea cosa de mi torpe lengua triperina…una es ésta en que balbuceo tras el cristal de la pantalla frases sospechosas de onanismo.

Esta otra de la que ahora te hablo está hecha de notas al aire, de plazas desoladas, de fiesta, de almuerzo base, pentagramas solares y espacios conquistados… lo mismo en taskas de barrio como en tascas de puerto mugante entre lo real y lo posible…

Palabra y música siempre comparadas en la búsqueda de la belleza más allá de las ventanas de par en par de los sentidos agitando las cortinas…

En esta hablo, en la otra canto con mi lengua de madera perforada por donde fluyen

y confluyen el aliento, la brisa, el cierzo y el suspiro…

aire domesticado, exprimidas sus esencias, efímero aroma de lirios que en el aire dejo,

aire..materia intangible modulada en armonías, aire avivando fuegos, aire al aire…   

En ambas lenguas asciendo perezoso laderas nevadas,

paso a paso hacia el encuentro en cimas de andar por casa.

Espacio blanco, eco azulado, cinco cables y una bandada…  

1/5/24

MÁRMOL NEGRO.


 




Quizá tornarán tiempos de alquitrán goteando viscosos sus días,

de ansiedades de yeso estallando contra abrasadas incertidumbres,

del plomo del miedo lastrando la sangre en sus caminos tan ajenos,

de filos acerados coagulando de grana nuestras rosas de invierno,

del marchitarnos desde dentro sin el consuelo de las heroicas derrotas,

de mazas de bata blanca con su veredicto de amar y temer a un tiempo,

del amar, y un temor sangre de la sangre de las mismas tripas del dolor…

y un vértigo negro trepará tenaz por nuestros troncos de savias abatidas.   

 

Quizá volverán  con su veredicto atroz las oscuras golondrinas,

en nuestros ojos sus augurios negros y lágrimas ocultas a colgar,

y otra vez habitarán los viejos túneles de insomnes noches sin luna,

y con su alas libres, así son los miedos rota ya su nube, llamarán… 

y su amenaza suspendida en el aire certera esperará anidar en tu pelo.

 

Quizá volverán después las tupidas madreselvas hacia cumbres luminosas,

pétalos de un amarillo ácido sobre celestes fundiendo en esperanza,

y otra vez a la tarde, aún más hermosa y soleada tarde enamorada,   

sus flores de nuevo, pertinaz osadía, abrirán...fragancias y sosiegos…

abrirán a la noche sus ventanas, al día sus caminos adelante por andar.

 Pero aquellas que aprendieron los augurios en mármol negro aquellas, creedlo, lo dijo el poeta,          esas…¡ no volverán!